miércoles, 12 de julio de 2006

PPC: El Estado de la Industria



Por Alberto Calvo.

Hace unos días publicamos en Comic Verso una conferencia que Warren Ellis dio en una Universidad italiana hace casi ocho años, y sé que tal vez eso generó curiosidad entre algunos de nuestros lectores. ¿Por qué publicar un texto "viejo"? Tal vez sería más adecuado preguntar por qué ese texto en especial.

No es un secreto que Warren Ellis es uno de mis escritores favoritos. Esa fue la principal razón para que aceptara traducir The Authority y Planetary hace algunos años para Editorial Vid. La paga no era buena, pero eran comics que yo disfrutaba, y si a eso le sumamos un poco de ego (ustedes saben, la única forma de que fueran bien traducidos era si lo hacía yo mismo, claro), sobra decir que brinqué en cuanto se dio la oportunidad. Ambos títulos, pero en especial Planetary, gozaron de una mayor aceptación popular de que la editorial (e incluso yo mismo) esperaba. Empezaron entonces los rumores de expandir esa esquina de las ediciones Vid: que si se publicaría la miniserie de Jenny Sparks, o que los altos mandos estaban considerando intentar Vertigo a través de Transmetropolitan. Sólo rumores (más fundamentos había en los rumores de que se publicaría en español la línea America's Best Comics (ABC) de Alan Moore. En un principio aparecerían Promethea y Top Ten y yo traduciría ambos títulos, pero el proyecto se vino abajo y al poco tiempo yo rompí lazos con la editorial. Pero eso es una historia para otro momento).

Yo jugaba con la idea de poder traducir más comics de Ellis, e incluso algunos de sus ensayos y comentarios aparecidos en diferentes columnas o en su lista de correos a lo largo de los años. Y ya desde entonces quería traducir la conferencia en la Universidad de Trieste. Tras comentarlo con Esteban, escribí a Ellis para solicitar su autorización. Una vez recibida, puse manos a la obra y ustedes pueden leer el resultado aquí . Lo que nos lleva de regreso a la pregunta ¿Por qué ahora? Si bien es cierto que algunos elementos del texto son ya obsoletos, hay muchos otros que me parecen perfectamente válidos y vigentes hoy día. Me doy cuenta de que mi análisis es demasiado largo así que lo dividiré en dos partes, razón por la cual pido disculpas si no es del todo claro para donde voy. Para evitar que la espera sea demasiado larga, la segunda parte aparecerá en este espacio la próxima semana. Así es, Predicando para el Coro con periodicidad semanal. Tal vez.

Para bien o para mal, el único referente que tenemos en América Latina para la industria como tal, es el comic producido en los Estados Unidos. Y se trata de una industria que está pasando por tiempos difíciles. Hace quince años el mercado tuvo un fuerte impulso mediático que se tradujo en ventas saludables y grandes cantidades de dinero disponibles para las principales editoriales. El problema es que ese periodo, conocido por muchos como el "boom" de los 90s, no fue aprovechado para generar un crecimiento de la audiencia potencial, pues la gran mayoría de las editoriales decidió tomar el camino fácil de favorecer la especulación en un medio pendiente de "eventos". Crossovers, portadas varientes, portadas especiales, y demás artimañas mercadotécnicas se convirtieron en una práctica común en busca de hacerse con el dinero de los fans. El éxito de dichas prácticas es innegable. Títulos como X-Men #1 (5 portadas diferentes) ó X-Force #1 (1 de 5 tarjetas diferentes con cada copia) lograron algo que en aquel entonces parecía difícil y hoy suena simplemente imposible: ventas de millones de copias.

El problema es que nada de eso era real. Esos mismos comics pueden ser hallados hoy día en casi cualquier tienda de comics o en ventas por internet a precios por debajo de su precio de portada. La industria parecía estar creciendo exitosamente. El producto se movía en cientos de miles de copias para cada título al mes, pero se cometieron dos errores que bien pudieron haber condenado a la industria. El primero fue haber diseñado el mercado para aprovechar a los especuladores en busca de dinero fácil a partir de comprar múltiples copias y revender en cuanto el precio se disparara. El segundo fue menospreciar y eventualmente desechar el sistema de newsstands, es decir, las ventas en puestos de periódicos y tiendas no especializadas. El mercado directo, es decir, las tiendas especializadas, sonaban como una buena idea en ese momento. Se creaba una audiencia definida y había un control más exacto de la producción contra demanda. Esos dos errores provocaron la pronta implosión del mercado.

La distribución vía newsstands se hacía en base a estimados. Si algún título resultaba más exitoso de lo proyectado, se creaba demanda para ese título y los números atrasados podían subir de precio incontrolablemente. Esa volatilidad resultaba muy atractiva para los especuladores, quienes compraban varias copias de títulos que esperaban pudieran convertirse en éxitos. La mayor parte del tiempo el juego les resultaba. Pero con la aparición del mercado directo y las tiendas especializadas las reglas cambiaron. El tiraje dejó de ser dependiente de las estimaciones de cada editor, pues ahora se imprimía de acuerdo a los pedidos de los mayoristas. Los especuladores lo vieron en un principio como una forma de simplificar su trabajo, pues en vez de tener que recorrer farmacias, tiendas de autoservicio y varios puestos de periódicos para poder hacerse con varias copias de un título, ahora podían revisar un catálogo con dos meses de anticipación y pedir cuantas copias quisieran de cada título. Y en un principio resultó. Esa fue una de las principales razones para la aparición de las portadas variantes y las ediciones especiales, pues las editoriales buscaban incentivar las ventas entre los especuladores. Pero entonces hubo dos ajustes que cambiaron todo para los especuladores. Primero sucedió que los dueños de las tiendas notaron las ganancias que obtenían los especuladores y decidieron que querían una rebanada más grande del pastel. Y para ellos era bastante simple. Los especuladores revisaban el catálogo y hacían su pedido. El dueño de la tienda sólo duplicaba el pedido de esos títulos y se convertía en la competencia del especulador. Y más aún, los mismos fans podían revisar el catálogo y pedir con anticipación esos mismos títulos, evitando así depender de los especuladores.

Pronto se dieron cuenta de que algo no estaba funcionando como antes. Si los fans podían pedir con anticipación y asegurar su copia del título, la demanda para el mercado de los especuladores se redujo drásticamente. Si además de ello contamos que la editorial imprimía sobre pedido, resulta ser que había copias para los fans, para los detallistas y para los especuladores. Y en un mercado donde la oferta supera a la demanda los especuladores perderán su dinero. Eventualmente. Poco a poco se fueron retirando del mercado, tratando de minimizar sus pérdidas. Esto representó que los detallistas perdieran a sus clientes más importantes prácticamente de la noche a la mañana y generó una reducción considerable en el mercado, misma a la que algunos se refieren como la implosión post-boom. Los títulos más importantes de DC, Marvel e Image llegaron en algún momento a promediar 200,000 ejemplares al mes, y ahora luchaban para alcanzar la mitad de esa cifra. Algunos artistas populares fueron subiendo sus honorarios conforme las editoriales luchaban por sus servicios, lo que llevó a que se elevaran los costos de producción y por ende el precio de los comics. La reducción en el volumen de ventas lo hizo aún peor.

El resultado de esta implosión fue la cancelación de muchos títulos y que muchos creativos se quedaran sin trabajo. Muchas editoriales pequeñas desaparecieron por completo e incluso hubo tiendas que cerraron sus puertas y cadenas que redujeron el número de sucursales que tenían. El futuro era incierto y el panorama poco alentador. Pero la historia de como sobrevivimos y exactamente donde y como estamos será el tema de la próxima entrega de Predicando para el Coro, dentro de una semana.


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