miércoles, 10 de marzo de 2010

PC: Comics y pornografía


Por Alberto Calvo.

Que mejor manera de retomar esta columna que con un tema polémico. Entiendo que éste puede ser un tema delicado pero me parece importante para el futuro del medio, razón por la cual me gustaría que este texto, que refleja una opinión personal, sirviese para iniciar una sana discusión sobre el tema.

Dos casos recientes en extremos opuestos del mundo son los que despertaron mi interés en el tema, mismo que discutí brevemente hace algunos días con Esteban, Editor en Jefe de Comic Verso. El primero de estos caso se dio hace poco más de un año, cuando un juez australiano determinó que una serie de dibujos de personajes de Los Simpson en los que se les muestra en situaciones sexuales explícitas debiesen ser considerados como pornografía infantil, por tratarse de representaciones de menores de edad. Aquí está la nota (en inglés) publicada en su momento en el Sydney Morning Herald.

Obviamente las definiciones legales y el status con que se juzga la pornografía son diferentes en cada país, pero creo que la parte polémica en la determinación tomada por este juez viene de la mano de que no declaró simplemente que fuera pornografía -lo que difícilmente puede ponerse en duda si nos apegamos a la definición del término-, pues al considerarla como pornografía infantil desata toda clase de implicaciones tanto morales como legales que hacen que el caso resulte bastante más complicado, especialemtne a largo plazo.

En términos generales, la pornografía se entiende como la representación gráfica o escrita de actos sexuales de manera explícita con fines de provocar un estado de excitación sexual. Obviamente esto incluye fotografías, videos, textos y, nos guste o no, dibujos e ilustraciones. Cuando dichas representaciones involucran a niños, se le agrega el calificativo de "infantil" para indicar un delito, pues al no poder un menor consentir legalmente a ser parte de una relación sexual, conviertiendo a dicha representación en una documentación de abuso de menores.

Alan John McEwan fue condenado a pagar una multa de 3000 dólares australianos y a ingresar en un programa de "buen comportamiento" por dos años, aún cuando el juez si hizo la distinción para indicar que el hecho de que se tratase de "solo" dibujos había impedido que terminase en la cárcel. El problema es que con la interpretación que hizo el juez de la ley se podrían presentar futuras complicaciones en casos futuros. Por ejemplo, el juez declaró que "el hecho de que no se trate de representaciones realistas de seres humanos no significa que no puedan ser considerados como personas". Si me preguntan, ello implicaría conceder derechos humanos a personajes ficticios, ya sean dibujados, animados, e incluso escritos en trabajos literarios.

¿Por qué no se persigue entonces también la producción de libros, comics y animaciones donde los personajes sean torturados, desmembrados y/o asesinados? Por otro lado, si se piensa considerar a estos personajes de ficción como personas, habría que señalar que los personajes tienen más de veinte años de haber sido concebidos, lo que legalmente los convertiría en mayores de edad en casi cualquier parte del mundo sin importar su apariencia física. Creo que las autoridades no se pueden permitir lanzar determinaciones legales tan a la ligera.

El otro caso se dio apenas el mes pasado, cuando Christopher Hadley fue condenado a seis meses de cárcel luego de declararse culpable de la posesión de material considerado como pornografía infantil. Aquí hay una nota (también en inglés) publicada en la revista Wired. Hace tres años un inspector postal interceptó un paquete para Hadley proveniente de Japón, el cual incluía siete historietas en las que había escenas de menores involucrados en actos sexualmente explícitos. El paquete fue entregado a Hadley sin informarle que había sido abierto y una patrulla lo siguió. Lo detuvieron antes de llegar a su casa para catear su vehículo y tras hallar los comics en cuestión lo escoltaron hasta su casa, donde se decidió confiscar su colección de anime y manga para determinar los alcances de su falta.

Hadley es un programador de cuarenta años de edad, residente del estado de Iowa, en los Estados Unidos, quien recientemente se mudó de vuelta a casa de su madre porque ésta tiene problemas de salud. Más de 1200 libros de manga y cientos de películas en diversos formatos componen la colección de Hadley, abarcando un amplio espectro de géneros e historias, pero el contenido "inapropiado" de un puñado de ellos parece haber sido suficiente para convertirlo en un criminal. A pesar de contar con el apoyo de asociaciones civiles, incluído el Comic Book Legal Defense Fund (CBLDF), Hadley decidió declararse culpable y enfrentar los seis meses de prisión porque de haber decidido pelear en la corte y perder, enfrentaba una sentencia de hasta quince años y una multa de US$250,000.

Proteger a los niños y menores de abusos es una empresa loable y digna de reconocimiento, pero me parece que estas acciones, tanto en Australia como en los Estados Unidos, son de un caracter completamente mediático, donde los fiscales y jueces pueden estar buscando tener su imagen como servidores públicos celosos de su deber sin importar la relevancia real de lo que están haciendo. Creo que resulta preocupante pensar en que las autoridades en diferentes partes del mundo estén tomando una postura que implica que consideran que la sociedad contemporánea es incapaz de distinguir la ficción de la realidad, y lo encuentro francamente espeluznante.

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