viernes, 29 de octubre de 2010

PC: WildStorm: Un sello que merecía mejor suerte


Por Alberto Calvo.

Hace algunas semanas DC Comics realizó cambios importantes en sus operaciones al mudar parte de sus oficinas, de su tradicional sede en la ciudad de Nueva York, a la costa Oeste de los Estados Unidos. Aprovechando la confusión reinante durante el proceso, la editorial, propiedad del conglomerado multimedia AOL/Time-Warner, aprovechó para realizar "ajustes" a su fuerza de trabajo, y cesó a varios editores y asistentes, así como a parte del personal de oficinas. A nivel editorial, el mayor cambio fue la desaparición completa del sello WildStorm.

La historia de Wildstorm se remonta a la época en que Jim Lee, Whilce Portaccio, Scott Williams y Marc Silvestri eran algunos de los artistas estelares de Marvel Comics y trabajaban juntos en un estudio llamado Homage, el cual conservaron tras convertirse en co-fundadores de Image Comics. Sin embargo, en lugar de utilizar el estudio como un sello, dividieron su producción bajo dos banderas, con el material creado por Marc Silvestri y sus protegidos identificado bajo el sello de Top Cow Productions, y toda la obra de Jim Lee y compañía -incluído más tarde Portaccio- como Aegis Entertainment. Una vez que la división de Image en varios estudios se hizo más evidente, Jim Lee cambió el nombre de su compañía por uno comercialmente más identificable: WildStorm, el cual obtuvo al combinar los títulos de sus dos series más populares, WildCats y StormWatch.

Encuentro curioso que tanta gente suela hablar de WildStorm de manera despectiva, como si se tratase de una compañía que produjera cómics de mala calidad o indignos de mayor interés. Basta echar un vistazo a algunos de los creadores que trabajaron en este impreso o cualquiera de sus sellos para darse cuenta de lo alejada de la realidad está esa percepción: Alan Moore, Grant Morrison, Warren Ellis, Kurt Busiek, Ed Brubaker, John Cassaday, Bryan Hitch, Frank Quitely, Chris Bachalo, Humberto Ramos, Sean Philips, Mark Millar, Christos Gage, Adam Beechen, Gail Simone, Travis Charest, Joe Casey, Joe Kelly, Carlos Pacheco, James Robinson, Sam Kieth, Terry Moore... y muchos otros.

¿Puede juzgarse de mediocre a un sello editorial que dio origen a títulos como Astro City, Planetary, The Authority, Leave it to Chance, The Wizard's Tale, Promethea, Top Ten, Tom Strong, Sleeper, Arrowsmith, y muchos otros de probada calidad? Lo dudo. Supongo que se trata simplemente de otro ejemplo de esa curiosa mentalidad del lector de cómics ante las cosas nuevas o diferentes. En un medio todavía dominado por el género de superhéroes, la mayoría de los fans ven con recelo a todo aquel que pretenda explorar el género fuera de las Dos Grandes, y peor aún a quienes juegan con variaciones del género y se alimentan de la tradición de personajes clásicos de aquellas compañías para extrapolar nuevas ideas.

Tengo la impresión de que el principio del fin se dio a mediados de los noventa cuando, ante la evidente reducción del mercado, Jim Lee empezó a jugar con la idea de vender su compañía. Lee estaba un poco harto del lado administrativo de ser independiente, y nunca son buenas noticias cuando la cabeza de una compañía pierde el interés por manejarla. En 1998 DC Comics compró WildStorm porque con ello se hacía de tres elementos que quería sumar a sus activos: los coloristas, Alan Moore, y el propio Jim Lee.


Lamentablemente para el medio, y sobre todo para los creativos trabajando en WildStorm, acostumbrados a trabajar con absoluta libertad creativa y un mínimo de control editorial, DC también adquirió algunas cosas que no quería. The Authority, serie creada por Warren Ellis, resultaba polémica por su agresiva versión de los alcances de un grupo de superhéroes. La incomodidad que el título generaba al interior de DC creció cuando Mark Millar heredó la responsabilidad creativa, lo que llevó a Paul Levitz a intervenir, alterando diálogos e incluso arte terminado antes de permitir que algunos números entraran a prensas. En el proceso, Millar decidió irse a Marvel con un contrato de exclusividad y no regresar jamás a WildStorm o DC, y todo el asunto le costó el trabajo a John Layman, el editor de la serie.

Y ese no fue el único problema entre DC y sus "nuevos" creativos. Alan Moore accedió a permanecer en WildStorm sólo porque Jim Lee le prometió que jamás tendría que lidiar directamente con DC, pero era un compromiso condenado al fracaso. El hecho de que DC tuviese un activo papel en el desarrollo de las películas, er... uh... "inspiradas" por V for Vendetta y The League of Extraordinary Gentlemen, provocó la molestia de Moore, y unas desafortunadas y poco pensadas declaraciones de Levitz terminaron por llevar a Moore a abandonar la compañía, llevándose al subsello ABC consigo, y con Scott Dunbier como el nuevo editor sacrificado. The Boys fue otra serie que causó problemas. Creada por Garth Ennis y Darrick Robertson, esta serie tuvo la oposición de Levitz desde un principio, y a pesar de su gran aceptación y buenas ventas fue cancelada, sólo para reaparecer casi de inmediato bajo Dynamite. Desde entonces Ennis tampoco ha vuelto ha trabajar para DC.


Me queda la sensación de que lo que sucede ahora, con el anuncio de la cancelación de toda la línea, y de la absorción de los cómics de licencia por parte de DC, así como la promesa de que muchos títulos y personajes regresarán como parte del Universo DC, no es más que parte de algo que se planeó desde el principio. DC aún tiene a los coloristas y a Jim Lee, y tuvo a Alan Moore por cuanto tiempo les fue posible retenerlo, así que no queda razón alguna para seguir manteniendo una línea de cómics rentable pero con demasiadas aristas incómodas para la administración corporativa de DC.

Hay quienes señalan con esperanza que muchos de los títulos y personajes encontrarán lugar dentro de poco dentro de los confines del Universo DC. Honestamente, ¿es buen destino para personajes que en su momento representaron la vanguardia del género y se caracterizaron por su originalidad o frescura, acabar en un contexto donde el status quo se mantiene desde hace décadas, y donde además quedarán a merced de Geoff Johns?

Deja tus comentarios o escríbenos directamente a comicverso@gmail.com

jueves, 28 de octubre de 2010

Un héroe por accidente: Stephen J. Cannel y su legado

El pasado 30 de septiembre falleció el escritor y productor de televisión Stephen J. Cannell, a la edad de 69 años. Si el nombre no les suena familiar, él fue el creativo detrás de series como Los Magníficos (The A-Team), Riptide, Comando especial (21 Jumpstreet) y Hunter. ¿Ninguna de estas series les resulta familiar? Entonces vayan a preguntar a sus hermanos mayores o padres, porque estas series estaban en los televisores de todas partes por allá en los 80s y 90s. Y si se preguntan por qué aparece una noticia como esta en un blog dedicado a los cómics más que nada, es porque:

    a) Stephen J. Cannel produjo algunas de las series de TV que más recordación tengo de mi juventud y su deceso pasó sin mayor trascendencia en muchos medios, una pena porque su creatividad y originalidad marcaron a más de una generación, y

    b) porque una de sus series más populares tiene que ver precisamente con un género que está fuertemente asociado a los cómics, el de los superhéroes.


La serie en cuestión se tituló en nuestros países (si la memoria no me falla) Héroe por accidente, aunque en los estados del norte de México se le llamó originalmente The Greatest American Hero (el más grande héroe americano). Esta serie contaba la historia de Ralph Hinkley (William Katt), un maestro de escuela ordinario que un buen día cruza camino con el agente del FBI Bill Maxwell (Robert Culp) en la misma noche que una nave extraterrestre decide pasar por el vecindario y regalarles un traje especial. Cuando Ralph se pone este traje rojo, adquiere superpoderes y juntos deciden emplearlo para "luchar por la verdad y la justicia...", no, sería más certero decir que lo usaba para ayudar a Bill a atrapar a los malos con que se topa en sus labores como agente del FBI, lo que hubiera sido mucho más fácil si no hubieran perdido el manual de instrucciones del traje. Así, cada capítulo cubre una nueva aventura donde Ralph debe ir aprendiendo a usar su regalo especial a la vez que lidia con las responsabilidades de su trabajo y su vida amorosa, donde su interés recae en su novia Pam (Connie Sellecca), lo que en conjunto provee la dosis propia de aventuras, humor y fantasía que hizo de esta serie un éxito en muchos países.

Pero no todo fue color de rosa.

Recientemente, a causa de la triste noticia con que iniciamos el artículo, se publicó en la página Comic Book Resources el resumen de una entrevista originalmente publicada en el libro The Age of TV Heroes (La Era de los Héroes de TV) escrito por Jason Hofius y George Khoury, con fecha de 2006, donde se detallaban ciertos detalles curiosos de la serie, de los que cito una pequeña muestra a continuación:

  • Stephen J. Cannell no estaba muy interesado en escribir y producir una serie sobre superhéroes, como sugirieron los ejecutivos de entonces de la cadena ABC. Pero como Cannel dice, "aprendí que cuando alguien te dice que le gustaría que hicieras algo, no dices 'No' (...) la razón para ello es que algunas veces podrías decir no a algo que finalmente disfrutarás haciendo". Finalmente Cannel los convenció de realizar el show de la única forma que lo encontró atractivo: poniendo los poderes en el traje y no en el sujeto.

  • Antes de la premier de la serie en marzo 18 de 1981, Warner Brothers, quien acababa de adquirir DC Comics, demandó el show y exigió que se prohibiera su transmisión. Cannell tenía la impresión que "Warner Brothers tenía la impresión que cuando compraron DC Comics, compraron todo el género de superhéroes para ellos". Durante el juicio, Cannell comenta que una de las "pruebas" de violación de derechos de autor fue una escena en el piloto (la escena que más recuerdo, por cierto) donde Ralph intenta volar. Como recuerdan, no tenía un manual de instrucciones y además de lo embarazoso de salir a un callejón en ese traje rojo, el profe no tiene idea de cómo volar para ir en rescate de Bill. Entonces, aparece un pequeño que le dice que debe dar tres grandes pasos al frente y saltar. Ralph lo hace y tenemos así la primera de muchos vuelos divertidos que fueron la parte fuerte del programa en su primera temporada. Esta escena fue usada por los abogados en Warner para acusarlos de plagio alegando que esta era la "forma registrada" como Superman volaba. Los abogados de ABC usaron en su contra nada más que la película Superman de 1978, donde Christopher Reeve vuela sin usar los reglamentarios tres pasos. Finalmente, Warner perdió el pleito y el piloto salió al aire.


La serie terminó en 1983, luego que su calidad decayera en parte debido a las continuas pugnas de Cannel con los nuevos ejecutivos del canal, no los originales con los que concibió el programa en primer lugar. Los nuevos querían una serie con mas fantasías (extraterrestres, grandes peleas y esas cosas asociadas con superhéroes) demostrando que desconocían donde radicaba la fuerza de la serie. Un especial titulado "The Greatest American Heroine" se produjo con la intención de iniciar un nuevo ciclo con la sucesora de Ralph (interpretada por Mary Ellen Stuart) pero quedo finalmente como el capítulo final de la serie original.

Por cierto, el articulo original al que se hizo referencia antes, pueden consultarlo en el siguiente enlace: The Greatest American Hero: An interview with the great Stephen J. Cannell.

Si no han tenido oportunidad de ver esta serie y tienen la suficiente madurez como para ver un show ochentero de estos sin rebajarse a burlarse de lo precario de los efectos especiales comparados con los adelantos en CGI de hoy o hacer mofa porque la palabra más fuerte que se pronuncia es "idiota", pues les recomiendo echarle una mirada. A los que no tengan tanta paciencia, pues a conformarse con las memorias y recuerdos de quienes lo vimos y disfrutamos en su momento.

A Stephen J. Cannell, paz en su eterno descanso.

Deja tus comentarios o escríbenos directamente a comicverso@gmail.com

jueves, 21 de octubre de 2010

Marvel Comics se suma a Tron Legacy

Creo que desde que Disney compró Marvel Comics todos esperábamos que en cualquier momento la Casa del Ratón empezaría a hacer uso de las propiedades de la Casa de las Ideas con fines promocionales en apoyo de otras de sus propiedades, y aunque les tomó bastante tiempo hacerlo, el momento ha llegado. Y la verdad es que resultó mejor de lo que nos hubiésemos atrevido a esperar.

En diciembre próximo se estrenará en cines Tron Legacy, la secuela a la clásica de culto Tron, producida en 1981. El aparato mercadológico de Disney tiene varios meses trabajando en la difusión y promoción de la película, y ahora que se acerca la fecha del estreno han decidido echar mano de una de sus más recientes adquisiciones. Diez títulos de Marvel han sido elegidos para participar en la campaña de promoción presentando una portada variante temática. Los números en cuestión aparecerán publicados entre noviembre y diciembre.

Estas son las portadas:


Las portadas corresponden a "Invincible Iron Man" #33, "Captain America" #612, "Thor" #617, "Avengers Academy" #7, "New Avengers" #7, "Avengers" #7, "Incredible Hulks" #618, "Secret Avengers" #7, "Amazing Spider-Man" #651, ;and "Wolverine" #4, respectivamente.

Definitivamente se trata de una descarada maniobra de marketing, pero es necesario confesar que nos gustó demasiado como para dejar de mencionarla. Solo esperamos que cuando hagan cosas similares en el futuro lo hagan respetando al público de ambos lados del fandom, pues si bien en este caso existe cierta afinidad -y seguramente mucho mercado compartido- entre los fans de Tron y los de los Superhéroes Marvel, ese no siempre será el caso.

¿Opiniones?

Deja tus comentarios o escríbenos directamente a comicverso@gmail.com

viernes, 15 de octubre de 2010

Revisitando la Historia detrás de la Cacería

¡Araña, Araña, que ardes con brillo! En los bosques de la noche, ¿qué mano inmortal, qué ojo pudo idear tu terrible simetría? – Kraven.




Kraven's Last Hunt [La última cacería de Kraven], también referida como Terrible simetría, es una saga del Hombre Araña (Spider-Man ) en su encuentro decisivo contra Kraven el Cazador. Escrita por J.M. DeMatteis y dibujada por Mike Zeck, fue publicada en 1987, en los títulos Web of Spider-Man (#31-32), Amazing Spider-Man (#293-294) y Spectacular Spider-Man (#131-132).

Muchos conocen la versión publicada, aunque con vergüenza debo confesar que este ahora clásico de los cómics me ha resultado esquivo (algo que espero corregir en el inmediato futuro), pero lo que muchos desconocíamos hasta ahora, era la historia de cómo esta saga como la conocemos, finalmente se gestó en el imaginario del que figura como su autor. ¿Qué por qué el tono de duda? Lean y lo sabrán, en esta traducción autorizada de esa historia, escrita originalmente de puño y letra del propio J.M.DeMatteis y publicada inicialmente en los Blogs de Amazon, de donde fue recuperada recientemente por su autor...

[Aclaración: Algunas anotaciones del traductor se han incluido en color azul]


Confesión: Yo no escribí La última cacería de Kraven.

Bueno, no en la forma que piensas.

A los escritores les gusta creer que están en control de su obra, pero esa es sólo una mentira reconfortante. Luego de más de 25 años de carrera como narrador de historias, se ha hecho extremadamente, algunas veces dolorosamente, claro para mi, que soy solamente un vehículo, un medio para que las historias lleguen a nuestro mundo. Pero es la historia misma quien se cuenta. Si suena como que estoy diciendo que las historias tienen vida propia... bueno, eso es justo lo que digo. Estoy convencido que las historias son criaturas vivas: se mueven, piensan, respiran. Quizás no en la forma en que nosotros los humanos de carne y hueso lo hacemos, pero de alguna manera incomprensible, estas criaturas que llamamos Historias (y creo que merecen la "H" mayúscula) existen. Y así lo hacen los personajes que las pueblan. Y son las historias, no los escritores, artistas o editores, quienes tienen el control. Algunos de estos mundos imaginarios deciden emerger, completamente formados, en una cálida energía creativa. A otros, como la saga de Kraven, les gusta tomarse su tiempo.

Fue un largo camino desde el primer destello de inspiración, alrededor de 1984 u 85 hasta la versión finalmente publicada. Si hubiera sido por mí, y gracias al cielo no lo fue, la idea original habría sido impresa como una mini-serie de Wonder-Man [personaje de Marvel Comics, más información en este enlace]: Simon Williams, vencido en batalla por su hermano, el Grim Reaper, despierta en un ataúd, se abre paso a la superficie y descubre que ha estado enterrado por meses. Pero la historia lo sabía mejor. Sabía que necesitaba tiempo para fermentarse en mi subconsciente y encontrar la consistencia adecuada. Tom DeFalco, por entonces Editor Ejecutivo de Marvel, estuvo de acuerdo. Cuando le lleve mi idea sobre Wonder Man, la rechazó. Pero había algo en ese concepto sobre "regresar de la tumba" que no se iría.

Mi siguiente parada, unos meses después, fue DC Comics, donde entregué al editor Len Wein (quien por entonces supervisaba la línea Batman), lo que pensaba era una idea increíble: El Joker asesina a Batman o al menos cree que lo hace. Eliminada su principal razón de ser, la mente del villano colapsa. Por supuesto, el Joker está de por sí demente, así que cuando colapsa... se vuelve cuerdo. Mientras tanto, Batman es enterrado y semanas después, cuando se abre paso a la superficie desde su tumba, la frágil nueva vida del Joker es trágicamente puesta de cabeza. Len tenía otra historia de Batman-Joker en su escritorio, algo llamado The Killing Joke [La broma asesina] escrita por un nuevo escritor británico llamado Alan Moore (¿qué paso con esa historia a todas estas?) y pensó que ciertos elementos del Joker en mi historia se superponían con ciertos elementos en la de Alan.

Rechazado. De nuevo. (Me las arreglé para revivir le idea de "Volverse cuerdo" una década después y ha pasado a convertirse en una de mis favoritas [la historia fue publicada como Batman: Going Sane en Legends of the Dark Knight #65-68 en 1994]).

Estaba decepcionado, pero sospecho que la Historia estaba complacida con estos eventos. Sabía que el momento no era el apropiado. Sabía que elementos necesitaba para emerger. Y así, esperó pacientemente, mientras yo...

Bueno, yo la re-escribí de nuevo. ¿Como una historia del Hombre Araña? No. Como otra historia de Batman. Solté al Joker y lo remplacé con Hugo Strange. Recordé una clásica historia de Steve Englehart y Marshall Rogers [escritor y dibujante respectivamente de Detective Comics #471-476 entre 1977 y 1978] donde Strange, por sólo dos páginas, creo, viste el disfraz de Batman. Y pensé: ¿No sería interesante si Hugo Strange es quien aparentemente asesina a Batman y en su arrogancia y ego, decide convertirse en Batman, poniéndose el traje, tomando su lugar, con el fin de probar su superioridad? Estaba convencido que ahora si tenía la historia que ningún editor podría rechazar.

Para entonces, Len Wein trabajaba como independiente y Denny O’Neil lo había remplazado como editor de Batman. ¿Adivinan?

Denny la rechazó.

Así que ahora tenía esta idea rechazada tres veces, por tres de los mejores editores en el negocio. Quizás, pensé, estoy delirando. Quizás debería sólo rendirme y pasar a lo que sigue.

Pero la Historia no me dejaría ir.

Estaba frustrado, por decir lo menos, por todas las puertas estrellándose en mi cara, pero la semilla de esta idea (bueno, para entonces ya había echado raíces en el suelo y estaban brotando ramas y hojas) se mantenía creciendo, desarrollándose a su propio ritmo, a su propio tiempo. Ella sabía, aunque claramente yo no, que pronto encontraría la forma y más importante, los personajes que había estado buscando tanto hace.

Otoño de 1986. Estaba visitando las oficinas de Marvel cuando un día Jim Owsley, editor de la línea del Hombre Araña y Tom DeFalco (¿Qué? ¿Él de nuevo?) me invitaron a almorzar. Ellos querían que me hiciera cargo de las labores de escritor para Spectacular Spider-Man pero yo estaba reacio a comprometerme con otro cómic mensual. Owsley y DeFalco fueron insistentes. Me debilité. Ellos presionaron más duro. Yo acepté.

Para cuando llegué a casa, supe que golpe de buena fortuna esto era: ahora tenía otra oportunidad, probablemente la última, para conseguir aprobación para esta idea sobre "regresar de la tumba". Más importante: descubrí, cuando revise la propuesta, que Hombre Araña, recientemente casado con Mary Jane, resultaba una mejor elección que Wonder Man o Batman. Peter Parker es emocional y sicológicamente tal vez el más autentico protagonista en cualquier universo de superhéroes. Bajo esa mascara, está tan confundido, imperfecto, tan conmovedoramente humano, como la gente que lee y escribe sobre él: la quintaesencia del hombre Común. Y el amor de este hombre Común por su esposa, por la nueva vida que estaban construyendo juntos, fue el combustible emocional que da inicio a la historia. Fue la presencia de Mary Jane [Alguien que le recuerde esto a Quesada y compañía], su corazón y espíritu, lo que llega al fondo del corazón y espíritu de Peter, forzándolo a salir de ese ataúd, fuera de la tumba, a la luz.

Y así fue como La última cacería de Kraven nació.

Bueno, no realmente. Verán, Kraven no estaba en el recuadro aún. Genio como soy, pensé: Okey, así que no puedo usar a Hugo Strange. ¿Por qué no crear mi propio villano, uno nuevo, para que interprete ese papel en la historia? Y eso fue lo que hice. (No me pregunten el nombre de esta brillante nueva creación... o cualquier otra cosa sobre él... porque, honestamente, ¡no recuerdo nada!) Con el borrador fui con Owsley. Le encantó. "Hagámoslo", dijo. Estaba en éxtasis. El viaje finalmente había terminado.

Bueno, quizás para mí, pero no para la Historia. Habían algunos elementos que ella necesitaba completar por sí misma.

Estaba sentado en mi oficina una tarde, haciendo lo que los escritores hacen mejor: evitando trabajar, perdiendo el tiempo. Esto pasó antes de la Internet, sencillamente la más grande herramienta para perder el tiempo en la historia de la humanidad. Así que estaba hojeando algunos comics que tenía apilados en el piso. Agarre una Marvel Universe Handbook [Guía al Universo Marvel]. Me detuve, sin una razón en particular, en la ficha de Kraven el Cazador.

Por favor, entiendan que no tenía interés alguno en Kraven. De hecho, siempre pensé que era uno de los mas genéricos, poco interesantes villanos en la galería de Hombre Araña. No podría compararse con el Dr. Octopus o el Duende Verde.

Pero enterrada en esa ficha del Universo Marvel estaba un hecho intrigante: Kraven era ruso. (A la fecha desconozco si eso era algo ya establecido en continuidad o si el escritor de esa particular ficha lo puso por mero capricho).

¿Ruso? ¡Ruso!

¿Por qué eso me excitaba tanto? Una palabra: Dostoyevsky. Cuando leí Crimen y castigo y Los hermanos Karamazov en secundaria, se filtraron en mi cerebro, se hundieron en mi sistema nervioso... y me hicieron pedazos. Ningún otro novelista ha explorado la asombrosa dualidad de la existencia, iluminado los místicos pesos y las despreciables profundidades del corazón humano, con la brillantez de Dostoyevsky. El espíritu ruso, como lo expuso en sus novelas, era realmente el Espíritu Universal. ¡Era mi espíritu!

Y Kraven era Ruso.

En un instante, comprendí a Sergei Kravinov. En un instante, la historia entera cambio de foco. En un instante, llame a Owsley y le dije que se olvidara del Nuevo Villano, Esta era una historia de Kraven el Cazador.

Jim no estaba convencido con la idea. Le gustaba el nuevo villano. Pero, Dios lo bendiga, me dejo hacerla a mi manera.

Y ahora la historia estaba completa, ¿verdad?

Casi. Verán, Owsley engatusó a Mike Zeck para dibujar Spectacular Spider-Man. Mike y yo trabajamos juntos, por muchos años, en Capitán América. Puedo pensar en un puñado de artistas de superhéroes tan buenos como Zeck, pero no puedo pensar de uno solo que sea mejor. El dibujo de Mike es fluido, energético, profundamente emocional... y cuenta una historia con tal aparente facilidad que guionizar sus páginas se siente igualmente fácil. Mike dejó la serie del Capi (para dibujar la original Secret Wars [Guerras Secretas]) justo cuando encontramos nuestro paso colaborativo y estaba emocionado por la oportunidad de continuar donde quedamos.

He jugado este juego lo suficiente para saber que la química escritor/artista no puede ser creada o forzada: está allí o no lo está. Con Mike, allí estaba... y hasta más. Si cualquier otro artista hubiera dibujado esta historia, aun si cada mínimo detalle, cada palabra, hubiera sido la misma, no habría tocado a la gente en la misma forma o reunido la respuesta entusiasta que todavía consigue, más de veinte años después de su creación. No habría sido La última cacería de Kraven. (No es mi título, dicho sea de paso. La llamé Fearful Symmetry [Terrible Simetría] en honor a otro de mis héroes literarios, William Blake. Jim Salicrup, quien asumió las labores de editor cuando Jim Owsley se retiró, fue quien le dio el otro título. Salicrup fue también quien tuvo la genial idea que se ha copiado desde entonces: publicar la historia de seis partes en todos los tres Spider-títulos, en el curso de dos meses. Estamos acostumbrados a ver esto hoy. En 1987 fue algo revolucionario.

Ya que Zeck estaba a bordo, decidí arrojar un villano del Capitán América que creamos juntos, el hombre rata llamado Vermin, en la mezcla. Una decisión casual (bien, parecía casual para mí, pero sospecho que la Historia pensaba diferente) que probó ser extremadamente importante: Vermin resulto ser el elemento clave, proporcionando el contraste entre la visión del Hombre Araña de Peter Parker y la distorsionada imagen reflejo de Kraven.

Ahora, he aquí la parte más extraña: En los años que pasaron desde el momento en que expuse la idea original con Wonder Man, mi vida personal se había ido al infierno. Les evitaré los sórdidos detalles: Digamos que estuve en un momento de mi vida donde cada día fue una lucha Herculeana. Me sentía tan enterrado vivo como Peter Parker; tan hundido en las profundidades como Vermin; tan perdido, desesperado y destrozado como Sergei Kravinov.

Abreviando, fue un tiempo miserable para ser yo, pero fue el momento perfecto para escribir la historia. De haber creado una versión de La última cacería unos años antes o unos años después (cuando mi vida hubiera ya sanado de forma milagrosa), no hubiera sido lo mismo. Mis propias luchas personales, reflejadas en las luchas de nuestros tres personajes principales, fueron, creo, lo que le dio al relato tal urgencia y honestidad emocional. (No se qué inspiró el brillante trabajo de Zeck, pero espero que no haya sido nada tan angustiante)

Así que díganme: ¿quien, exactamente, estuvo a cargo aquí? ¿Quién realmente escribió esa historia? Pensé que era yo, pero, todo el tiempo, hubo algo creciendo, evolucionando, emergiendo a su propio ritmo, cuando las condiciones creativas fueron absolutamente perfectas. Oh, yo cambié los cheques. Todavía acepto los elogios. Pero, en mi corazón, se que hubo Algo mas Grande allí, trabajando su magia a través mío... y a través de todos quienes nos llamamos a sí mismos escritores.

Las historias tienen vida por sí mismas.

Y no debería ser de ninguna otra forma.

Puedes consultar el artículo original en inglés en J.M. DeMatteis's CREATION POINT: The story behind the Hunt-Again

Detalles sobre La última cacería de Kraven en Wikipedia: Kraven's Last Hunt


Deja tus comentarios o escríbenos directamente a comicverso@gmail.com

miércoles, 13 de octubre de 2010

Reseña de cine: Repo Men

Por Alberto Calvo.

En un futuro cercano la tecnología y la medicina han llegado al punto en que la espera para conseguir donadores de órganos ha desaparecido. Órganos artificiales pueden conseguirse fácilmente y con facilidades de pago, permitiendo que gente con enfermedades crónicas o terminales pueda acceder a piezas de repuesto siempre y cuando puedan pagarlas, y es ahí donde hay que poner énfasis. Las prótesis y órganos artificiales son fabricados por una compañía llamada "The Union", misma que se encarga del desarrollo, producción y distribución de los mismos y que además maneja el sistema de crédito y cobranzas que representa el verdadero negocio para la empresa.

El sistema de cobranza es bastante sencillo: recibes advertencias una vez que te empiezas a retrasar en los pagos, y unos cuantos días después de no haber cumplido por tercera vez con un pago la empresa está legalmente autorizada a recuperar los órganos en cuestión, sin que esto requiera la presencia de un cirujano o la necesidad de instalaciones y equipo estériles para realizar la extracción. El grupo de recolectores de la empresa está formado por antiguos militares y mercenarios, quienes realizan su trabajo con gusto y regodeándose en la violencia que este puede representar.

Uno de los mejores recolectores de The Union es Remy (Jude Law), un ex-militar casado y con un hijo, quien disfruta su trabajo a pesar de las fricciones que le provoca en casa con su esposa, Carol (Carice van Houten), quien insistentemente busca convencerlo de solicitar una transferencia al departamento de ventas. El mejor amigo de Remy desde la infancia, Jake (Forest Whitaker), también trabaja como recolector, y ambos comparten una amistosa competencia respecto a sus índices de recuperación, incluso saliendo en ocasiones juntos a buscar nidos de evasores.

Tras un accidente sufrido por una deficiencia en el equipo durante una recuperación, Remy despierta en una cama de hospital para hallar a su lado a Jake, y a Frank (Liev Schreiber), su jefe, en vez de a su esposa. Ambos le explican que durante su última recuperación sufrió un accidente que lo dejó muy mal, pero que ya se hizo todo lo necesario para dejarlo como nuevo. Horrorizado, Remy descubre que en donde antes estaba su corazón ahora se encuentra el modelo de más reciente lanzamiento de The Union, lo que significa que ha contraído una considerable deuda con la empresa.

Su esposa decide separarse de él, pues considera que todos sus problemas derivan de haberse rehusado a buscar un cambio de posición en la empresa, razón por la que Remy se muda a vivir al departamento de Jake. Mientras se recupera físicamente de su operación, Remy intenta trabajar en el área de ventas, pero pronto descubre que no tiene lo necesario para mentir de manera consistente a los clientes potenciales a fin de hacerlos firmar un contrato. Además, sus ingresos como vendedor no se comparan a lo que gana como recolector y difícilmente podrá mantenerse al corriente en sus pagos si no regresa a trabajar en las calles. El problema es que su corazón ya no está en ello.

Probablemente el hecho de verse reflejado en aquellos a quienes persigue le hace sentir dudas, dejando escapar a unos o simplemente ignorando su obligación de hacer algo que antes hacía con gusto y casi por instinto. Las semanas pasan y los avisos de retraso de pago empiezan a llegar sin que Remy de señas de poder volver a ser el mismo de antes. Finalmente decide que es hora de dejarlo todo y tratar de esconderse de sus antiguos compañeros. Así conoce a Beth (Alice Braga), una ex-cantante de bar, llena de adicciones y con más partes sintéticas de las que pudieran ser mencionadas de memoria. Juntos intentarán hallar el modo de evadir a los recolectores al tiempo que buscan la forma de eliminarse del sistema para poder dejar de huir, lo cual es un buen plan, al menos hasta que Jake es enviado a buscarlos.

La historia tiene esos tintes de distópico humanismo que tanto me gustan y que son característicos, por ejemplo, de las historias de Philip K. Dick (creo que la metáfora de cómo Remy solo encuentra sus sentimientos hasta que reemplazan su corazón por uno artificial es bastante obvia, pero no por ello menos agradable), y aún a pesar de lo disparejo del ritmo narrativo y de un par de detallitos en la dirección, la encontré muy disfrutable. Tal vez una edición más cuidada, o una última revisión externa al guión pudieron haber hecho que fuese realmente buena, pero no pudo ser. Aún así la encuentro cumplidora y con momentos sobresalientes.

Miguel Sapochnikno es un director con un volumen de trabajo para presumir. Repo Men (Los Recolectores) es el primer largometraje en un curriculum donde un cortometraje y un episodio de House son los únicos highlights. Previamente Sapochnik había trabajado como artista de storyboards, más notoriamente en dos proyectos de Danny Boyle: Trainspotting (La Vida en el Abismo), y A Life Less Ordinary (Vida sin Reglas). Bajo esa perspectiva, Repo Men está lejos de ser un mal primer esfuerzo, teniendo más elementos positivos que negativos.

Supongo que los detalles de ritmo y montaje son algo que Sapochnik podrá corregir con el tiempo, así que habrá que ver hacia donde va su carrera, pues el manejo de la cámara en las secuencias de acción, y la confianza con que logra infundir a la historia con un marcado humor negro sin necesidad de caer en la farsa me hacen creer que puede llegar a ser un talento notable en el cine de género. Probablemente lo que más me sorprendió de la película fue el talento actoral con que cuenta. Es de sobra conocida la capacidad de LawWhitaker Schreiber, en tanto que Braga ha sido una agradable sorpresa en las dos películas en que la he visto recientemente.

Recomendada para fans de la ciencia ficción, especialmente si son de los que extrañan el gore que adornaba al género hace un par décadas. Para el resto de la gente, véanla como una opción dominical de entretenimiento sin muchas pretensiones.

Calificación:

Deja tus comentarios o escríbenos directamente a comicverso@gmail.com

jueves, 7 de octubre de 2010

PC: El Comics Code Authority y la censura. Segunda Parte


Por Alberto Calvo.

En la entrega anterior de esta columna, publicada hace un par de semanas, incluí una traducción de los lineamientos de contenido requeridos por un comic para obtener el sello de autorización del Comics Code Authority, y quedé de ahondar un poco en su origen y antecedentes en la siguiente entrega, y eso es justamente lo que haré ahora.

La década de los 1950s en los Estados Unidos estuvo marcada por el clima de paranoia que predominó durante los primeros años de la Guerra Fría. La derecha conservadora se lanzó en una gran campaña en contra de todo lo que veían como parte de la gran amenaza comunista en contra de las "buenas costumbres" y el estilo de vida americano, y los comics no fueron la excepción. En 1954 apareció publicado el libro Seduction of the Innocent, obra del Dr. Fredric Wertham, un psiquiatra convencido de que los comics eran una forma negativa de literatura popular que resultaba perjudicial para el desarrollo moral de los niños y jóvenes y podría incluso ser un elemento que fomentase la delincuencia juvenil.

El libro tuvo un éxito moderado, suficiente como para crear alarma entre algunos padres de familia y llevar a la creación de asociaciones que buscaban hubiera mayor censura en el contenido de los comics. Ese mismo año se llevaron a cabo las audiencias del Subcomité del Senado para la Delincuencia Juvenil, las cuales se enfocaron principalmente en la industria del comic y el papel que estas publicaciones tenían en el desarrollo moral de los niños y jóvenes norteamericanos.

A pesar de que no se dio ninguna determinación negativa en dichas audiencias y que no se presentó tampoco ninguna sanción para nadie involucrado en la producción y distribución de comics, las diferentes editoriales decidieron jugar a la segura y adelantarse al gobierno creando un organismo dependiente de la Comics Magazine Association of America (CMAA) que se encargaría de revisar los contenidos de cualquier publicación que los miembros de la Asociación quisiesen publicar, naciendo así el  de auto-censura, naciendo así el Comics Code Authority (CCA). Los lineamientos del código fueron creados tomando como base un reglamento similar -aunque bastante menos estricto- redactado por la Association of Comics Magazine Publishers, predecesora de la CMAA, el cual apareció en 1948 pero nunca fue ejecutado. Este dato me parece de particular importancia porque revela la parte más oscura y preocupante de la existencia del CCA: no solo era censura. Era auto-censura.

El CCA no tenía ninguna autoridad real sobre las editoriales, pues al tratarse de una organización civil no tenía manera de obligar a nadie a acatar sus lineamientos. Sin embargo, dado que los comics eran vendidos en farmacias, droguerías, fuentes de sodas y tiendas de abarrotes más que en puestos de periódicos, poco tardaron esos comercios en buscar limpiar su imagen ante los supervisores gubernamentales, y poco a poco convirtieron en una exigencia que los comics que vendían portaran el sello de autorización y negándose a incluir aquellos que no.

El principal afectado por esta medida fue EC Comics, cuya línea de comics estaba mayormente dedicada a los géneros de horror, crimen y ciencia ficción. Aún cuando la editorial intentó crear títulos que se apegaran a los lineamientos del CCA, éstos nunca tuvieron suficiente aceptación comercial, forzando a la editorial a abandonar por completo su línea de comics y concentrarse en su revista humorística MAD.

De manera similar, la oferta de comics en diversos géneros fue disminuyendo poco a poco hasta casi desaparecer por completo, hasta llegar al punto en que la gran mayoría de los comics publicados en los Estados Unidos eran de superhéroes, género que se podía apegar al código con relativa facilidad apegándose a una sencilla fórmula: Una clara distinción entre héroes y villanos, sin ambigüedades de ninguna clase, y la certeza de que el bien siempre vence sin importar las dificultades que deba enfrentar.

El código ha sido modificado varias veces a lo largo de los años. En 1971 se hicieron cambios para permitir que monstruos clásicos, como vampiros, hombres-lobo o el monstruo de Frankenstein, pudiesen aparecer libremente. No así los zombies, que permanecieron vetados por muchos años más. En el mismo 1971 se dio un caso hasta cierto punto polémico, pues Marvel Comics publicó un arco de tres partes en Spider-Man sin la aprobación del CCA. La polémica se suscitó porque Stan Lee escribió la historia a petición del Departamento de Salud, Educación y Bienestar de los Estados Unidos, organismo que deseaba crear conciencia sobre los peligros del abuso de estupefacientes y decidió utilizar los comics como un medio para llevar el mensaje a los jóvenes. El CCA negó la aprobación a la historia, pero Marvel decidió publicarla sin el sello, confiando en que contarían con el respaldo gubernamental.

La editorial recibió efectivamente el apoyo del organismo, creando bastante publicidad alrededor de la historia. Este hecho motivó que se hicieran más cambios al código a fin de permitir la mención de drogas siempre y cuando su uso y distribución fuesen presentados como el riesgo para la salud que representan. Tras esos cambios DC Comics también publicó una historia sobre el tema en las páginas de Green Lantern/Green Arrow, hecho curioso tras las fuertes críticas a Stan Lee y Marvel expresadas por su entonces editor en jefe, Carmine Infantino, quien les condenó severamente por atreverse a "desafiar el código".

Con el paso del tiempo el CCA fue perdiendo fuerza y las editoriales empezaron a mostrarse más laxas en su observancia de los lineamientos, aunque esto no quiere decir de ninguna manera que la censura haya desaparecido del medio. En particular recuerdo dos casos donde la auto-censura se volvió a manifestar, particularmente del lado de DC Comics. Primero fue la salida de Rick Veitch como escritor de Swamp Thing, y algunos años más tarde la de Warren Ellis de Hellblazer, ambas tras conflictos internos provocados por historias consideradas como innecesariamente polémicas por parte de la editorial. En el caso de Ellis cabe destacar que Hellblazer es un comic publicado bajo el sello Vertigo, mismo que nunca ha incluido el sello de aprobación del CCA. Aparentemente fue a nivel administrativo dentro del corporativo de AOL/Time-Warner que la historia de Ellis no cayó bien, pues todo parece indicar que el autor británico contaba con el apoyo tanto del staff editorial como del mismo publisher de DC Comics en aquel entonces, Paul Levitz.

Marvel decidió dejar de enviar sus comics al CCA en el 2001, en tanto que DC los sigue enviando pero publica los comics sin importar si reciben la aprobación o no. El resto de las editoriales, mucho más jóvenes y en la mayoría de los casos con una mayor diversidad de contenidos, nunca lo han utilizado. Sin embargo, el CCA aún existe, y hay editoriales que aún muestran el tradicional sello en sus portadas, pero se trata principalmente de aquellas especializadas en publicaciones infantiles, como Archie Comics, Bongo Comics, o el sello Johnny DC.

Obviamente la censura es un tema que da para escribir y comentar mucho, pero creo que por esta vez me he extendido bastante. Hasta la próxima.

Deja tus comentarios o escríbenos directamente a comicverso@gmail.com