martes, 24 de mayo de 2011

Reseña: Pirates of the Caribbean: On Stranger Tides

La franquicia de Pirates of the Caribbean tomó a todo mundo por sorpresa en 2003, cuando descubrimos que se podía crear una historia inteligente y entretenida a partir del concepto de una atracción de parque de diversiones. Sorpresa también descubrir que Johnny Depp no había perdido su capacidad para construir personajes únicos, y que Gore Verbinsky era un director más versátil de lo que creíamos.

Lamentablemente Disney echó por tierra todo ese trabajo y destruyó la reputación de la serie al centrar la atención en las estrellas equivocadas. Las secuelas aparecidas en 2006 y 2007 no fueron más que una pálida sombra de la original y muchos dábamos por hecho que ahí terminaría la saga. Demasiado de algo que nos gusta puede llegar a convertirse en algo, si no desagradable, al menos monótono, por lo que sorprende que Disney y Jerry Bruckheimer no decidieran parar ahí y tomarse un respiro.

Apenas dos años después de la tercera entrega se anunció que la serie continuaría y que aún cuando Orlando Bloom y Keira Knightley ya no formarían parte del elenco, Johnny Depp seguiría interpretando al Capitán Jack Sparrow y que Ted Elliot y Terry Rossio, los guionistas de la trilogía original, regresarían para tratar de revitalizar la serie que ayudaron a lanzar.

La gran sorpresa fue el anuncio del director, pues Rob Marshall no es precisamente la clase de director en quien uno piensa cuando se habla de acción y aventuras, ya que películas como Chicago, Nine (Nueve), o Memoirs of a Geisha (Memorias de una Geisha), que son la parte más conocida de su filmografía, tienen poco en común con el entretenimiento veraniego al que pertenece la serie de Pirates of the Caribbean.

Aún así, me sentía inclinado a otorgar a esta cuarta entrega, subtitulada On Stranger Tides (Navegando Aguas Misteriosas) el beneficio de la duda. Si Verbinsky demostró que podía hacer bien más de un género, ¿quién era yo para asegurar que Marshall no podría hacer lo mismo? Lamentablemente, todo mi recelo estaba justificado.

Tras una medianamente divertida secuencia inicial en que el Capitán Sparrow suplanta a un juez y después se evade de la justicia en una entretenida persecusión, había razones para sentirse optimista respecto a la película, el ritmo se torna disparejo y nos deja en claro que si algo hizo falta para que esta aventura zarpase exitosamente rumbo a su destino, era un navegante capaz de hallar el camino, porque definitivamente Marshall no era el indicado para este proyecto.

Jack Sparrow se reencuentra con Angélica (Penelope Cruz), una antigua conquista con quien, como es habitual, las cosas no acabaron bien y quien está trabajando al lado del legendario pirata Barbanegra (Ian McShane) con las intención de partir en busca de la Fuente de la Juventud.

Angélica está buscando una tripulación y con engaños logra llevar a Jack a bordo del Queen Anne's Revenge, el barco de Barbanegra, sabiendo que Jack posee información sobre la ubicación del mítico lugar. Sin embargo, la búsqueda se convierte en una carrera hacia lo desconocido cuando una pequeña flota española y un buque inglés se lanzan en la misma dirección, todos con la idea de encontrar la fuente antes que los demás.

Los ingleses son comandados por el Capitán Barbossa (Geoffrey Rush), quien se ha convertido en un corsario al servicio de la corona británica. Aparentemente Barbossa tiene razones personales para buscar detener a Barbanegra antes de éste pueda llegar hasta la fuente, y para encontrarla utiliza los servicios del Sr. Gibbs (Kevin McNally), el viejo contramaestre del Perla Negra.

La película tiene sus momentos, pero éstos no son los suficientes ni tampoco son tan memorables como para salvar la nave. El desgaste de la franquicia que era evidente desde la entrega anterior sigue ahí, y ahora hay que sumarle el evidente desencanto de Depp con la saga y/o con su personaje. Y no hay como culparlo. Casi diez horas en pantalla dando vida a un personaje cuando ni los guionistas ni el director parecen tener una idea clara de lo que están haciendo debe dejar de ser divertido bastante pronto.

Y sin embargo, es precisamente la actuación de Depp, además de la inyección de vitalidad que representó la inclusión de Cruz en el reparto, lo que impide que Pirates of the Caribbean: On Stranger Tides, sea una película tan aburrida e insufrible como su predecesora.

Ian McShane y Geoffrey Rush no recibieron mucho material con el cual trabajar, pues son usados simplemente como contrapunto para las excentricidades de Jack, y se limitan a desplegar su presencia escénica, recitar sus líneas sin mucho convencimiento pero con suficiente profesionalismo, y a dejar que la historia fluya a su alrededor El resto de los personajes de reparto no recibe el más mínimo desarrollo, lo cual para estas alturas ya no debiera sorprender a nadie.

Resumiendo, aún a pesar de que Pirates of the Caribbean: On Stranger Tides consigue evitar muchos de los problemas que plagaron a la película anterior, no logra resolverlos todos. Por fortuna tiene un ritmo más o menos constante, así que termina por ser complacientemente entretenida para casi todo público. Si esperaban ver esta serie retomar el nivel de calidad y entretenimiento de la primera película, olvídenlo. Lo más que van a obtener será un poco de entretenimiento escapista medianamente logrado y perfectamente olvidable.

Recomendada con muchas reservas, y solo si van a verla con bajas expectativas.

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