viernes, 15 de junio de 2012

EeC: La integridad artística en los cómics


por Esteban Pedreros

Eric Stephenson tiene el cargo de Publisher de Image Comics, es decir, es el encargado de los aspectos prácticos del manejo editorial y sin saber exactamente lo que eso significa, asumo que implica tener una injerencia directa o al menos indirecta en la calidad de los cómics que publica la Editorial, así que siento bastante respeto por él ya que Image Comics mensualmente saca una gran cantidad de proyectos de altísima calidad.

El pasado Miércoles el Señor Stephenson escribió en su Blog un artículo respecto de un comentario anónimo que recibió:
"A lot of these creator owned indy books are little more than story boards for a movie pitch IMO."
"Un monton de estos cómics independientes en mi opinión, son poco más que storyboards para propuestas de películas."
En su artículo defiende el derecho de los artistas a obtener éxito comercial a partir de los trabajos que crean y que hay un doble estándar entre los fans, al tratar en forma despectiva la ambición de los creadores independientes a la vez que hacen barra por el éxito de las editoriales.

Sin pretender meterme en la cabeza de éste anónimo en particular (no entiendo mucho la idea de opinar anónimamente, por cierto), lo que me llama la atención de esta discusión es que creo que tengo que darle la razón a ambas partes. La perorata de Stephenson me parece un tanto justificada a la luz de su opinión respecto de otras discusiones recientes (que no especificaré porque no son el tema de esta columna), pero creo que yerra el blanco al atribuirle un absolutismo al comentario, que tal vez no tenga.

¿Son los cómics propuestas para películas y series de TV?

No todos. Hay algunos que claramente lo son... no puedo entender el retiro de Mark Millar de Marvel para dedicarse a su línea de cómics a través del sello Icon (al que ha arrastrado a Steve McNiven, Dave Gibbons, Leinil Yu, John Romita Jr. y Frank Quitely), más que como un intento de capitalizar el éxito obtenido con la adaptación de Wanted y Kick Ass, a través de la generación de nuevas Propiedades Intelectuales que pueda vender aprovechando su actual buena fama como generador de conceptos rentables... hasta puedo imaginar que ha atraído a los dibujantes mostrándoles una cartola de ingresos mensuales (o algún documento a tal efecto).

Más allá de que no me atraiga el trabajo de Millar desde hace ya varios años o que me parezca curioso que no habiendo producido éxitos para Marvel en los últimos años, la Editorial aparentemente esté feliz que se lleve a algunos de sus dibujantes más populares. No tengo problema alguno contra estas revistas... salvo el hecho de que no me interesan.

Titulé esta columna como "La Integridad artística en los cómics", y presumo que puede malinterpretarse en el sentido de que quiera atacar a los cómics que no la tengan o apuntar a aquellos profesionales que no tienen "integridad", como sinónimo de "rectitud moral" (o lo que yo piense que la constituye), pero no es eso a lo que quiero referirme...

Cuando hablo de "integridad artística", me refiero al uso de un medio artístico (los cómics), como expresión artística (comunicación de una idea o sentimiento), estableciéndose un diálogo entre los autores y el lector (por vacuo que pueda ser).

Hace muchísimo tiempo que el cine estadounidense está plagado de Blockbusters donde uno siente que puede aplicar ingeniería inversa para obtener la ecuación matemática con la que fue diseñado el producto que está viendo. La mayoría de las películas que funcionan, son aquellas que logran manifestar un espíritu creativo o evocar el espíritu creativo original del material que presentan. Al encontrarme con material que me provoca la sensación de haber sido diseñado para que me guste, siento un enorme rechazo por el producto y no logro disfrutarlo a pesar de los méritos que pueda tener.

Esta última aserción resulta un tanto antojadiza, porque en definitiva cualquier producto comercial está diseñado para una audiencia de consumidores, sin embargo cuando el resultado final tiene algún grado de autenticidad en la expresión de sus ideas, más allá de sus posibles fallas, el producto empieza a tomar rasgos artísticos y se vuelve más atractivo e interesante, para mi paladar al menos.

Todo lo anterior para hacer una distinción que es bastante subjetiva y que le toca hacer a cada lector en particular:

Si bien el mercado de cómics estadounidense está poblado mayormente por franquicias comerciales de superhéroes, lo que marca la diferencia entre el producto que se vende y se olvida y aquél que retenemos con nosotros está dado por la integridad artística de sus autores. Una historia personal y ambiciosa con Batman, Spider-Man o Luke Skywalker es posible...

En el mismo sentido, una historia vacía, sin alma y apegada a una fórmula, puede venir de la más independiente de las Editoriales.

No tengo problema alguno con que autores independientes tengan todo el éxito que merezcan y sus creaciones se adapten a cuanto medio les parezca conveniente, es más, cuando ocurre con obras que me gustan, me alegra profundamente el éxito de sus creadores... cuando ocurre con trabajos de autores que me generan la sensación de ser parte de Líneas de Ensamblaje de cómics, que tienen un sistema de fichas para variar la temática de sus historias o que producen un pin-up sexy y un splash-page espectacular por mes para vender poleras y páginas de arte original a los fans, pues no me alegro para nada.

Ojalá que Stephenson habilite su sección de comentarios para poder responderle directamente en alguna otra oportunidad :D

Hasta la próxima.

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