martes, 2 de abril de 2013

Reseña: Constantine #1

por Esteban Pedreros
@epedreros

Escritores: Ray Fawkes y Jeff Lemire.
Artista: Renato Guedes.
Colorista: Marcelo Maiolo.
Rotulista: Sal Cipriano.

Editores: Katie Kubert (Asociada) y Brian Cunnigham.
Editorial: DC Entertainment.
Portadas: Ivan Reis, Joe Prado y Rod Reis; Renato Guedes (variante).

Fecha de Publicación: 20 de Marzo de 2013.


Envuelto en varias polémicas, surge Constantine, la nueva serie protagonizada por el personaje creado por Alan Moore, Steve Bissette y John Tottleben en las páginas de Swamp Thing, esta vez reintegrado al Universo DC (donde nació) y con un tono más superheróico que seguramente no será del agrado de sus seguidores en Vertigo.

Cancelar Hellblazer fue una de las tantas decisiones cuestionadas que ha tomado DC en los últimos años y aunque poco popular (especialmente entre los seguidores y simpatizantes de aquella serie), lo cierto es que económicamente no parece haber mucho que cuestionar. Más allá de las consideraciones artísticas, la revista vendía mensualmente un promedio de alrededor de 8.000 copias y es del todo probable que su lanzamiento dentro del DCU, asociado a Justice League Dark, le permita a la Editorial obtener números mucho mejores (al menos por algunos meses--parece absolutamente improbable que esta iteración alcance el número #300) y mejores réditos económicos en el corto plazo.

John Constantine es un ambicioso corredor de Bolsa que va al gimnasio, es vegano, pasa sus días cantando canciones de Glee y estudiando los libros secretos de Stephanie Meyers...

¡¡Jajajajajajaja!!

No... bueno, es más joven, más delgado y más acorde a una versión heróica de un bastardo fumador de cigarrillos y enfundado en una gabardina que conocemos, pero es bastante reconocible como una versión liviana de sus años en el sello Vertigo. 

Evocando el número #1 del Hellblazer de Jamie Delano y John Ridgway, Chris, un amigo de Constantine que es acechado por demonios que no logra comprender del todo, busca su ayuda para calmar su dolor y sufrimiento, pero si bien no se trata de Gary Lester los resultados finales no serán muy distintos.

Luego de las críticas por el cierre de Hellblazer y el equipo de escritores improvisado que tomó la serie cuando Robert Venditti la dejó de lado para hacerse cargo de Green Lantern... Ray Fawkes y Jeff Lemire iban a tener que hacer mucho para que alguien que considera que la mejor historia de Constantine que leyó es "Dangerous Habits", quedara conforme con el debut de la versión de aspartamo del personaje y lamentablemente no lo consiguen.

Aún tratando de dejar de lado la hostilidad natural que genera esta versión de John Constantine, se trata de una historia hecha con cuidado de no ofender a los fans viejos y satisfacer los deseos de los mandamases editoriales. Ese anhelo de servir a dos amos seguramente funcionará mejor con quienes conozcan poco al personaje, pero aún para los fans ocasionales se lee como un concierto en que a menudo el pianista toca la tecla equivocada... paradójicamente me parece que ese deseo de preservar algo del espíritu original del personaje termina dañando la historia. El Universo DC, por más que trate de usar armaduras de combate livianas, invente incesantemente organizaciones con acrónimos como nombre y ponga a J'onn J'onzz como el tipo duro de Stormwatch, es un universo de héroes y las decisiones poco heróicas de Constantine resultan más confusas que su lenguaje profano para todo espectador y su nula alcoholización "en cámara".

El arte de Renato Guedes es muy agradable. El artista brasilero tiene un trazo muy limpio que es complementado de excelente manera por las tonalidades elegidas por su compatriota Marcelo Maiolo para ambientar la historia, aunque seguramente resultará demasiado pulcro para los fans que sabemos que a esta altura ya tiraron la revista al suelo.

Constantine a menudo sacrificó a otra gente en su lugar o los arrastró hasta lugares en los que no tenían esperanza de sobrevivir, pero rara vez lo hizo con indolencia y ausencia de culpa. Más que un desgraciado sin conciencia, era un tipo que arrastraba la pesada carga de sus decisiones conservando la voluntad de seguir adelante. Gary Lester no murió porque sí, murió porque había que detener al demonio que lo poseía y no había forma de hacerlo y además salvarle la vida... esa ambigüedad moral era el sostén del personaje y aquí no está bien construida, no por las limitaciones del universo en que se desenvuelve, sino por la impericia de los escritores y ahi es donde radican los mayores problemas de este debut (que, recordemos, se hizo contra-reloj... es del todo posible que enmienden el rumbo a futuro). Mediocre... NO LA RECOMIENDO.

Calificación:


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