lunes, 21 de febrero de 2011

Wally Wood y el otoño del dibujante

El fin de semana estuve leyendo un muy buen artículo sobre la carrera de Wallace Wood, escrito por Dan Nadel.


Wood hizo excelentes trabajos en los comics EC de los años 50s (es recordado por su trabajo en Mad y en las revistas de ciencia ficción de la editorial, pero también dibujó comics de guerra y de crimen). La EC cerró su división de comics a mediados de la década, y Wood siguió colaborando en Mad (que pasó a ser una revista en blanco y negro) por unos años, hasta que su asociación con la publicación terminó por motivos (como Nadel describe) relacionados a su alcoholismo. Una pena, pues estaba haciendo trabajos de cada vez mayor calidad.


En los 60's dibujó unos pocos números de Daredevil escritos por Stan Lee (en donde Wood aparentemente diseñó el traje rojo del personaje que todos conocemos). Son algunos de mis episodios favoritos del personaje: excelente dibujo, llenos de color, visualmente muy imaginativos (la pelea contra Namor en el número 8 es un clásico, sobre todo por cómo Wood logra hacer una pelea creíble pese a la disparidad de poderes entre ambos personajes). Wood terminó abandonando la serie porque no le gustaba el método Marvel que impulsaba Stan Lee: según Wood era hacer el trabajo del dibujante y el escritor, pero recibiendo sólo el sueldo del dibujante. (El método Marvel consistía en que el dibujante recibieran una breve sinopsis para que luego él decidiera cómo distribuía la historia a lo largo de las veintitantas páginas, agregando más detalles a la historia. El escritor después tomaba los dibujos e inventaba el diálogo.) A mi juicio, y sin desmerecer el talento artístico de los que vinieron después (John Romita, Gene Colan), la serie Daredevil se puso muy aburrida tras la salida de Wood.

Y aquí viene la parte interesante: Wood empezó a interesarse en la autopublicación, en ser dueño de su revista, de sus creaciones. Creó la antología Witzend y dio un espacio tanto a veteranos como Steve Ditko como a talentos jóvenes como Art Spiegelman. La antología no duró muchos números, y Wood por varios años siguió oscilando entre series propias y trabajo para pagar las cuentas, hecho para editoriales como Marvel, DC, Warren, y otras.

Lamentablemente sus demonios personales terminaron cobrando su precio, Wood decide suicidarse en 1981. Al final de su carrera hizo unas parodias pornográficas de personajes de comics que son francamente muy, muy tristes: una combinación de un dibujo pobre con un humor muy burdo. Wood tenía la capacidad de hacer obras más ambiciosas (lo demuestra su Wizard King de unos años antes), pero no encontraba cómo hacerlo en una forma que le fuera económicamente rentable. Había muy poco espacio para obras de ese estilo, y el temperamento de Wood no era el de otros artistas de su generación, capaz de dibujar o entintar la misma serie durante décadas.

Lo interesante de la historia es esto último: la insatisfacción de Wood. Quería hacer algo distinto, pero no había una industria para eso.Y aunque la hubiera habido, no es del todo claro que Wood hubiera sido capaz de aprovecharla.

En artículos posteriores al de Dan Nadel, tanto Jeet Heer y Gary Groth repasan las historias de otros creadores que similarmente a Wood trataron de salir de las restricciones del comic comercial para hacer obras más personales, pero sin lograr hacerlo del todo exitósamente. Más allá de las dificultades económicas, se puede ver en las carreras de otros grandes talentos como Gil Kane y Alex Toth una limitación interna, una incapacidad de salir de las convenciones mismas de los comics comerciales que tuvieron que dibujar por tantos años.


Cuando tuvieron la oportunidad de hacer comics con más libertad lo que terminaron haciendo fueron comics con un poco más de sexo y violencia que lo normal (como His Name Is Savage y Blackmark de Gil Kane), o comics visualmente muy creativos pero no de mucha profundidad (Bravo for Adventure de Alex Toth). Trabajar años haciendo lo mismo tiene un precio. Los dibujantes que se dieron cuenta que les faltaba algo, que sintieron una cierta insatisfacción creativa al acercarse a los 40 años, no lograron aprovechar del todo los espacios de libertad que lograron conseguir. Will Eisner logró hacer algo artísticamente más logrado en la segunda fase de su carrera, pero se nota también un cierto desgaste en sus últimas obras.


Lo que tenemos son breves vistas de lo que pudo haber sido. Vemos las seis páginas del autobiográfico "Street Code" de Jack Kirby de 1983 (vean la impresionante imagen de arriba), y nos damos cuenta de lo que pudo haber hecho Kirby si no hubiera estado obligado económicamente a trabajar en el género de comics de aventuras. O podemos ser grandes admiradores de la obra de Carl Barks, de los comics de Donald Duck y Uncle Scrooge que dibujó por décadas (algunos de los mejores comics comerciales de todos los tiempos) y quedar completamente sorprendidos cuando leemos a Barks decir en una entrevista que hubiera preferido poder dibujar historias con seres humanos, no con patos. (Guardando las proporciones, se debe parecer a la sorpresa que Gary Groth expresa cuando en una entrevista a Joe Kubert éste le cuenta que nunca le interesó mucho dibujar comics de guerra.)

Hoy día por distintos motivos tenemos una situación distinta. Económicamente las cosas no son mucho mejores, hasta quizás son peores para muchos creadores. Pero por lo menos es posible para creadores jóvenes entrar a la industria del comic sin tener que pasar 10 a 15 años dibujando las ideas de otros. Está el ejemplo de la generación de dibujantes underground (herederos del Mad de Harvey Kurtzman en donde dibujaba Wallace Wood), el ejemplo de Robert Crumb, de Art Spiegelman, de antologías como Arcade, Weirdo, o RAW.

Podemos ver a un David Mazzucchelli que tras pasar por la misma serie que dibujara Wood (Daredevil), y haciendo el triple de los números que Wood hiciera, es capaz de abandonar ese tipo de comics para reinventarse completamente en su serie Rubber Blanket y en su reciente novela gráfica Asterios Polyp. Y para qué hablar de los que nunca pasaron por Marvel o DC: Daniel Clowes, Jaime y Gilbert Hernandez, Chris Ware, etc.

Por supuesto que estos nuevos artistas también deben tener sus crisis artísticas y creativas. Pero lo destacable es que han logrado presentar su propio trabajo, con concesiones mínimas a las modas comerciales.

Se podría seguir hablando mucho más del tema, se me ocurren varias tangentes a explorar, pero por ahora prefiero dejarlas para artículos posteriores.


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3 comentarios :

  1. Leyendo las entrevistas de artistas viejos, siempre me han dado la impresión de abordar el cómic como una profesión/oficio, antes que como una pasión.

    Hasta cierto punto, varios dibujantes británicos comparten esa ética de trabajo y no tienen un anhelo de toda la vida de dibujar tal o cual personaje.

    Ahora, lo que no sé es si hay espacio en el mercado como para que todo el que quiera pueda hacer trabajos más experimentales. Aún los guionistas y dibujantes que optan por publicarse en forma independiente lo hacen utilizando (en su mayoría), géneros o elementos que son comunes al mainstream comiquero. Aún si los dibujantes alcanzan la madurez y el anhelo de lanzar obras más ambiciosas, hay que ver si los lectores somos capaces de seguirlos.

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  2. Pienso en creadores como John Buscema o Joe Sinnott: serían ejemplos de lo que dices, dibujantes que ven el comic como una profesión, y que hicieron un muy buen trabajo a lo largo de sus carreras. Por supuesto que es bueno que haya un espacio para creadores como éstos.

    Pero tengo mis dudas que hoy día en la industria americana funcione así. Me da la impresión que ser fiel a un personaje o a una compañía no tiene mucha importancia a medida que el dibujante se acerca a los 50 años y su estilo empieza a ser considerado pasado de moda. Hay varios dibujantes talentosos que hoy día tienen grandes dificultades para conseguir trabajo.

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  3. Bueno, la industria es esencialmente ingrata. A lo de quedar "pasado de moda" hay que agregarle la posibilidad de quedar mal con algún editor (Norm Breyfogle). Son realmente pocos los casos como el de Curt Swan, Jack Kirby o Jim Aparo, que fueron capaces de permanecer en sus trabajos hasta más allá de los 60s.

    Creo que con los escritores el escenario a veces es peor. Hay muchísima gente que trabajó en los 70s y en los 80s que seguramente podrían seguir haciéndolo ahora y simplemente no tienen dónde. DC ha recuperado a gente como Dan Jurgens, Keith Giffen, Jerry Ordway o Len Wein, pero es más común que aparezca alguien nuevo y empiece a desplazar al resto.

    Sin duda que sería bueno para varios de ellos lograr posicionarse en forma independiente y no depender de los cambios de mando Editoriales o de los criterios estilísticos de los lectores (o de los que perciban los Editores). Un buen ejemplo tal vez sería el Savage Dragon de Erik Larsen, pero no sé. No creo que todos lleguen a convertirse en un aporte, que los trabajos de la mayoría sean verdaderas contribuciones en vez de ser simplemente variaciones de lo que uno ya conoce (como pasó con Image). Aunque ciertamente parece un escenario creativamente más interesante que el actual.

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