viernes, 22 de septiembre de 2006

PPC: Compresión y descompresión en los comics


Por Alberto Calvo

A colación del tema de la entrega anterior de Predicando para el Coro sobre la continuidad en los comics, y aprovechando que John Mejía también tocó el tema hace unos días, quiero dedicar este espacio a los formatos que se usan actualmente en los comics. O mejor dicho, a la forma de contar historias dentro de esos formatos.

Creo que un problema que existe al discutir prácticamente cualquier tema es el de la generalización. Podemos hablar de modas o tendencias, incluso podemos dar ejemplos, pero creo que no deberíamos generalizar nunca. John habla en su nota de la descompresión en los comics. El concepto no es nuevo. Por descompresión podemos entender que el contenido está extendido o expandido, es decir, lo contrario a comprimido. Hablando de comics, el término se refiere a la tendencia de muchos autores a utilizar una gran cantidad de páginas para contar una historia que posiblemente necesitaba menos para ser contada. Yo suelo llamarlo El Síndrome de Stephen King, nombrado así por la costumbre del famoso autor de horror de expandir algunas historias como si todavía cobrara por palabra.

Si bien es cierto que hay autores que extienden innecesariamente los arcos argumentales (seguramente pensando en su posterior publicación como TP o Hardcover y las correspondientes regalías), me parece injusto generalizar y asumir que todos los autores lo hacen por la misma razón. Muchos de ellos lo hacen en atención a un estilo o a una necesidad personal de desarrollar personajes y/o crear un entorno más complejo y realista para sus historias. La narrativa vive una evolución constante en todos los medios, y los comics no debieran ser la excepción. A menudo se compara a los comics con el cine, principalmente por la mezcla de elementos visuales y literarios (vocales en el cine y escritos en el comic) que utilizan como herramientas narrativas. Más interesante me parece aún que haya autores que prefieran comparar al medio con la televisión. Mismos elementos, diferente presentación.

Al igual que en televisión, un comic tiene un segmento delimitado de espacio para contar una historia. Los comics tienen un número predeterminado de páginas (por lo regular 22 de ellas) y las series de tv un tiempo fijo (curiosamente 22 minutos, para series de media hora, y 44 para una hora). Ambos medios también tienen un espacio complementario dedicado a anuncios ya sean de patrocinadores o de la compañía que lo publica/transmite. Y un problema compartido por ambos medios es el uso que hagan de la continuidad o serialización de sus historias. Es importante contar una historia, o una parte importante de ella, en el espacio con que cuentan, sobre todo pensando en que pasarán días (semanas en el caso de los comics) antes de que su audiencia pueda ver/leer el siguiente episodio. Y eso es algo que dio origen a que en ambos medios se utilizaran "historias tipo", formatos predeterminados para contar una historia.

Ejemplos sobran, sobre todo en series "de genero" (ciencia ficción, fantasía, etc.). En Highlander (la serie), la primera temporada está compuesta casi enteramente de episodios que podrían ser descritos como "el inmortal de la semana". Inmortal malvado aparece buscando a McLeod, amenaza inocentes y/o amigos de McLeod, pelea con él al final del episodio, gana McLeod. El que sigue. Más recientemente, Smallville dedicó su primera temporada a las "víctimas" de mutaciones causadas por la lluvia de kriptonita (la cual aparentemente cayó toda en la Tierra, concretamente en Kansas, EEUU y sus alrededores), todas las cuales obtuvieron alguna clase de poder y eventualmente hallaron el modo de toparse con Clark Kent de manera cotidiana. Forever Knight, los X-Files, Millenium, e incluso series de investigación y/o policiacas como CSI, Without a Trace, Law and Order, etc. son otros ejemplos de series que recurren a usar episodios esquemáticos para contar sus historias, con diferentes niveles de éxito pero con aceptables niveles de aceptación en la mayoría de los casos.

En los comics se usaba un formato bastante similar para contar las historias. Los editores tenían lineamientos sobre lo que debía aparecer en una historia y la forma en que debía hacerlo. Eso facilitaba la publicación regular de las series: cero continuidad, cero contradicciones, con las consecuentes limitaciones que eso implicaba a nivel creativo. Había excepciones, claro. Will Eisner, por ejemplo, experimentó con un formato de ocho páginas para la tira cómica de The Spirit y en el proceso desarrolló las capacidades de narrativa gráfica del medio. Y llegamos una vez más hasta Stan Lee y Jack Kirby. Lee y Kirby crearon lo que se conoce como el "Estilo Marvel" para hacer comics. En lugar del tradicional proceso de escribir un guión, enviarlo al dibujante y luego al letrerista y al entintador, Lee escribía una sinopsis de la historia, la cual enviaba a Kirby. Kirby decidía el ritmo en que ésta se desarrollaría y la dibujaba sin requerir más instrucciones. Una vez que terminaba de contar la historia en imágenes, enviaba las páginas a Lee para que este se encargara de asignarle textos y diálogos a las imagenes, y una vez completado su trabajo lo enviaba al letrerista y entintador para obtener el producto final.

Esa forma de trabajar le daba al dibujante un nivel de control que de otro modo no tendría. Bajo ese sistema se formaron muchos dibujantes que hoy día son leyenda dentro del medio, y la razón principal para que se les considere como tales es la innovación estilística que presentaron en su trabajo. Los comics dejaron de ser páginas divididas en nueve cuadros de idénticas proporciones para convertirse en verdaderas piezas de arte diseñadas por artistas en busca de expresar gráficamente sus ideas. Durante las dos décadas siguientes el medio siguió creciendo y desarrollándose conforme artistas con diferentes influencias e ideas fueron apareciendo. Algunos artistas se dieron cuenta de que podían contar historias sin otro colaborador, algunos equipos creativos nuevos se consolidaron y otros nuevos se formaron. Y como era de esperarse, también empezaron a aparecer escritores con ideas diferentes sobre como contar una historia en imágenes.

En los 80s se inició una "invasión británica" cuando varios escritores y dibujantes surgidos de la innovativa pero agonizante industria comiquera británica llegaron a América a inyectar un cierto aire de frescura a los comics de las dos grandes. Alan Moore encabezó a una generación de autores e ilustradores entre quienes podríamos destacar a Neil Gaiman, Grant Morrison, Jamie Delano, Brian Bolland, Alan Davis, John Wagner, Steve Dillon, John Totleben, Carlos Ezquerra, y más recientemente a Andy Diggle, Jock, Bryan Hitch, Frank Quitely, Warren Ellis, Garth Ennis y muchos otros que se siguen sumando a esa distinguida lista. La mayoría de los escritores británicos iniciaron sus carreras como periodistas y/o ensayistas, lo que les daba una mejor preparación para buscar formas innovativas y originales para narrar una historia de un modo más efectivo.

Por su parte, los artistas británicos crecieron con influencias completamente diferentes a las de los norteamericanos, y sumados a una nueva generación de artistas, algunos llegados de otras partes del mundo y muchos otros surgidos de escuelas de diseño y publicidad, cambiaron la apariencia visual de los comics americanos para siempre. Pero creo que me estoy desviando ligera pero irremediablemente del tema.

Volviendo a la comparación con el cine, en ese medio también es notoria la evolución de las formas narrativas. El cine mudo era una experiencia minimalista. Con una cantidad mínima de textos y en unos cuantos minutos, los pioneros del cine eran capaces de maravillar audiencias. Poco a poco las tramas se fueron haciendo más complejas y elaboradas, y por consecuencia más largas. Durante los 30s y 40s se empezó realmente a diversificar el contenido temático del cine, pero la duración de las películas seguía siendo de menos de hora y media. Por poner un par de ejemplos, no recuerdo una sola película de Alfred Hitchcock que supere esa duración y apenas un par de Orson Welles que excedan ese tiempo.

Resumiendo, no creo que exista una relación directa entre el largo de una historia y su calidad. Cualquier historia puede contarse de alguna forma más corta, solo es cuestión de que el autor decida que es lo que quiere decir y como quiere decirlo. Siguiendo con el ejemplo de John, tal vez Brian Michael Bendis podría contar sus historias en menos páginas, pero sin duda el desarrollo de personajes que logra en sus largas escenas de conversaciones e introspecciones no estaría ahí. Y sin eso, no serían historias de Bendis. A fin de cuentas hay para todos los gustos, y del mismo modo que hay quienes prefieren sus historias cortas y al grano, también hay quienes prefieren historias que ahonden en detalles y caracterización.

O, parafraseando a Harlan Ellison, "cada historia es única y diferente y dura lo que tiene que durar. Ni una palabra más, ni una palabra menos".



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