lunes, 16 de agosto de 2010

Reseña de Cine: Inception (Alberto Calvo)

Inception es el séptimo largometraje de Christopher Nolan, y de acuerdo con el director es uno de sus proyectos soñados. El guión lo empezó a escribir en 2002 tras finalizar su remake de Imsomnia, y  le tomó casi siete años terminarlo. El protagonista de Inception es Cobb (Leonardo DiCaprio), un ladrón que se especializa en extraer secretos de los sueños de sus blancos. Luego de un golpe fallido, Cobb es convencido por Saito (Ken Watanabe), su supuesta víctima, de realizar un trabajo para él a cambio de conseguir que se limpie su nombre y pueda regresar a los Estados Unidos y reunirse con sus dos pequeños hijos. Lo complicado del asunto es que no se trata de extraer información de la mente de nadie, si no de sembrar una idea, algo que en teoría es imposible de realizar exitosamente.

Cobb afirma que es posible porque él lo ha hecho antes y acepta el trabajo. Para poder llevarlo a cabo necesita un equipo que lo ayude a realizarlo, por lo que en adición a su mejor amigo, Arthur (Joseph Gordon-Levitt) recluta los servicios de Ariadne (Ellen Page), una joven estudiante de arquitectura quien será responsable de crear los laberintos de sueños; Eames (Tom Hardy), un falsificador con experiencia realizando fraudes en los sueños de otros; y Yusuf (Dileep Rao), un químico que proporcionará las drogas necesarias para inducir un sueño tan profundo como para plantar sueños dentro de sueños. En ese momento se hace evidente que pese a todas las apariencias, Inception es una heist movie, o una película de ladrones, donde un atrevido grupo planea un complejo golpe y lo realiza a la perfección pese a los obstáculos que se les presentan.

Sin embargo, en vez de asumir las características propias del género y usarlas para contar su historia, Nolan decidió seguir jugando a hacer cine pretencioso y de alta complejidad y poco a poco dejó que algunos de los elementos más interesantes de su historia cayeran a segundo plano, concentrándose en el drama de los problemas psicológicos de Cobb y minando cualquier posibilidad de lograr una película más profunda e inteligente. Lamentablemente nunca ahonda en la exploración de sus personajes, dejando que todos ellos se conviertan en simples cartones con la misma personalidad que los extras que pueblan el subconsciente de sus soñadores, siendo poco más que clichés de lo que una banda de superladrones debiera ser. Afortunadamente para su causa conjuntó un talentoso elenco que, en adición a los antes mencionados, incluye a Michael Caine, Marion Cotilliard, Tom Berenger, Cyllian Murphy y Pete Postlethwaite, quienes a base de su esfuerzo y talento personales evitan que la película tenga el mismo nivel interpretativo que cualquier show de marionetas.

El problema principal de ser pretencioso sin estar dispuesto a verdaderamente arriesgarse creativamente es que los intentos de dar profundidad a la historia resultan predecibles y bastante obvios. La elección de los nombres de algunos personajes son un claro ejemplo de ello: Ariadne es la encargada de diseñar el laberinto dentro del sueño y poco a poco se va convirtiendo en la única esperanza de Cobb para poder salir de éste, tal y como la Ariadne de la mitología griega ayudó a Teseo a salir del laberinto de Creta, en tanto que Yusuf (arábico de Josef o Yosafat) es alguien preparado para prevenir desastres dentro de los sueños, tal como el personaje bíblico del mismo nombre utiliza su don de interpretar los sueños para prevenir catástrofes.

A fin de cuentas Inception resulta una película moderadamente entretenida y con algunos detalles visuales interesantes, pero con muy poca sustancia y complejidad. Entretenida y cumplidora pero poco compleja u original, con unos visuales bien realizados pero poco emocionantes (además de no incluir nada que no hayamos visto antes), Inception resulta una víctima de su propia publicidad, pues resulta incapaz de cumplir las expectativas generadas tanto por el estudio como por aquellos entusiastas espectadores que compraron gustosamente toda la campaña. He de confesar que me ofendió un poco la soberbia de Nolan al pretender que su película resulta un absorbente sueño que envuelve a la audiencia, tal y como evidencia el uso en los créditos finales de la misma melodía que servía para alertar a los soñadores que estaban a punto de despertar, pero para esas alturas la verdad es que ya no me importaba demasiado.

Hay ocasiones en que una película es superada por el aparato mercadológico que la soporta, convirtiendo a la película en un elemento más de la campaña en vez de ser la razón de existir de ésta. Lamentablemente ese parece ser el caso de cualquier proyecto de Christopher Nolan realizado después de que reviviese la franquicia de Batman en 2005 con Batman Begins. Desde entonces, Warner Pictures lo ha convertido en una de sus propiedades más preciadas, rodeándolo de algodones y no escatimando recursos para armar y promocionar sus proyectos. Para un director en Hollywood el contar con esa clase de apoyo de parte de un estudio resulta difícil y conlleva una enorme responsabilidad, pues obviamente el estudio espera recuperar con creces la inversión realizada, lo que se traduce en una responsabilidad de parte del director de realizar películas comercialmente exitosas y dejar en segundo término el hacerlas para satisfacer sus propias expectativas como creador. Ignoro si ese sea el caso de Nolan o no, pues él parece bastante satisfecho con sus producciones y con la respuesta comercial que han tenido en taquilla.

Nolan es un director capaz y con méritos técnicos que en la actualidad pudiese ser únicamente opacado por David Fincher, pero no me parece que haya hecho nada todavía como para ser considerado un gran director. Supongo que no es culpa de Nolan las desmedidas reacciones de crítica y público (es ridículo pensar que haya quienes coloquen a una producción tan superficial como una de las mejores cinco películas de todos los tiempos a la vez que en esas mismas listas no aparecen trabajos de Kurosawa, Scorsese, Herzog, Hitchcock o Welles en las primeras veinte posiciones), pero creo que le haría bien seguir el ejemplo de gente como Steven Soderbergh o incluso George Clooney, quienes alternan sus superproducciones de estudio con proyectos personales donde el contenido importa más que la forma y las ideas reciben el valor que se merecen en manos de gente creativa y comprometida con su trabajo.

Personalmente a Nolan lo pongo en la misma categoría de los Spielberg, Zemeckis y Bay del mundo, lo que en realidad no tiene nada de malo, pero creo que todavía está muy lejos de poder ser contado entre los verdaderos realizadores y visionarios que han hecho del cine un arte más allá de la industria. Se trata de un realizador joven y con muchos años por delante, así que todavía podría convencerme de lo contrario, pero echando un vistazo a sus futuros compromisos, dudo que lo haga. La otra ruta es más fácil y a la larga es económicamente más satisfactoria.

Recomendada pero con muchas reservas.

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