miércoles, 8 de junio de 2011

Reseña- X-Men: First Class

X-Men, la película dirigida por Bryan Singer en el 2000, es considerada por muchos como el inicio del boom de las películas de superhéroes. Si bien fue precedida por Blade (1998), X-Men contó con una producción más cara y elaborada, además de presentar a personajes más populares y conocidos, incluso fuera del medio comiquero.

Su éxito fue tal que rápidamente se aprobó la producción de una secuela y se empezó a especular sobre spinoffs y proyectos paralelos. El mismo Singer se encargó de llevar a la pantalla la secuela, X2, en el 2003, logrando incluso superar el éxito y aceptación de aquella primera entrega.

Lamentablemente, diferencias surgidas entre Fox, el estudio productor de las películas, y Singer luego que éste aceptará dirigir Superman Returns para Warner, llevaron a la salida del director de la producción de la tercera entrega de la serie, misma que sufrió entonces múltiples cambios y retrasos.

Matthew Vaughn sonaba como el director más viable a encargarse del proyecto, pero tras percatarse del caos y desorganización reinante en Fox, además de las irreales fechas de producción y post-producción, y del hecho de que iniciaría la filmación sin tener un guión terminado, el director británico optó por hacerse a un lado, abriendo la puerta a la llegada de Brett Ratner, quien sería el responsable del desastre conocido como X-Men: The Last Stand, estrenada en 2006.

Tres años después vería la luz X-Men Origins: Wolverine, el primero de varios proyectos derivados que se encontraban en las primeras etapas de pre-producción. Realizada en medio de la huelga de escritores, la película tuvo una pobre aceptación, generando toda clase de dudas acerca del futuro de la franquicia.

Afortunadamente la productora, Lauren Shuler-Donner, tuvo la claridad de mente para traer de vuelta a la franquicia a Bryan Singer para trabajar en el desarrollo de una precuela/reboot/serie paralela bajo el título de X-Men: First Class (X-Men: Primera Generación). Compromisos contraídos por Singer le impidieron asumir control total del proyecto, pero contribuyó a desarrollar la historia y se convirtió en uno de los productores. Para dirigir la película se contrataron los servicios de Matthew Vaughn, quien reclutó a su habitual colaboradora, Jane Goldman, para trabajar en el guión.


X-Men: First Class es un regreso a las bases en toda la extensión de la expresión. La película comienza cuando el pequeño Charles Xavier (el futuro Profesor X) descubre hurgando en su cocina a Raven, alias Mystique, y confirma que no es el único ser en el planeta con habilidades especiales.

Al mismo tiempo, en Alemania, Erik Lensherr es separado de sus padres en un campo de concentración, y en un momento de ira y angustia manifiesta por primera vez sus poderes de manipulación de los metales. Eso llama la atención de Schmidt, el científico a cargo del campo, quien decide adoptar como proyecto personal el liberar el potencial de Erik sin importar los métodos que tenga que usar para lograrlo.

Dieciocho años después, Erik (Michael Fassbender) está buscando a los responsables de su sufrimiento y miseria en el campo de concentración para vengarse de ellos, particularmente de Schmidt, y esa búsqueda lo llevará a América.

Al mismo tiempo, Moira McTaggert (Rose Byrne), una agente de la CIA, está investigando las presuntas actividades pro-comunistas del Hellfire Club, un exclusivo establecimiento ubicado en Las Vegas cuyo dueño, Sebastian Shaw (Kevin Bacon), tiene una siniestra agenda secreta.

Tras descubrir accidentalmente la existencia de seres con habilidades especiales, Moira decide buscar la asistencia de un especialista en genética. Xavier (James McAvoy), aún acompañado por Raven (Jennifer Lawrence), a quien presenta como su hermana, está por graduarse como profesor en genética en una prestigiosa universidad suiza. Moira busca su asistencia para convencer a sus superiores de que lo que enfrentan es algo más que un simple grupo de disidentes con ideas antiamericanas.

Durante un operativo en el que se busca capturar a ShawXavier conoce a Erik, quien está tras de Shaw por razones personales, y poco a poco se va formando un lazo de amistad entre ellos.

Al descubrir cuales son los verdaderos planes de Shaw, ambos deciden, con el apoyo de la División X de la CIA, que les ofrece equipo e instalaciones, reclutar y entrenar a un grupo de jóvenes mutantes que les permita hacer frente al grupo de Shaw, formado por otros mutantes con habilidades especiales.

X-Men: First Class está ambientada a principios de los 1960s y, de hecho, el climax de la historia tiene lugar durante la histórica crisis de los misiles de Cuba, en octubre de 1962, durante el gobierno del presidente John F. Kennedy. Este es un detalle que causó controversia cuando se anunció, pues el sentar fechas specíficas en la ficción, sobre todo cuando hablamos de comics, suele traer más problemas que beneficios. Y sin embargo, funciona.

Vaughn optó por trabajar con una estética y estructura reminiscentes de las primeras películas del agente 007, aquellas producidas durante los 1960s, y utilizar algunos elementos narrativos que eran populares en aquel entonces: la Guerra Fría, los G-men de la CIA persiguiendo espías, la siniestra amenaza comunista, etc.

Y todo para contar una historia sobre conflictos éticos y morales, sobre discriminación y miedos. Por necesidad la historia se centra en los personajes de Erik y Xavier, explicando como dos individuos tan diferentes entre si pueden llegar a convertirse en amigos, y como las mismas diferencias que los unen terminan por convertirse el lo que los separa, dejándolos en bandos opuestos de un dilema que no tiene una solución fácil.

Es una pena que no todos los personajes reciban el mismo desarrollo, pero es imposible pensar que puedes trabajar a fondo con una docena de personajes en solo dos horas. Sin embargo, creo que la forma en que se manejó el crecimiento de los personajes, sobre todo de los jóvenes reclutas de Xavier y Erik, de manera grupal y dentro de la historia, resultó adecuada.

Las actuaciones en general son bastante sólidas -excepto January Jones, quien luce preciosa como Emma Frost pero no actúa así su vida dependa de ello- y me atrevería a destacar el trabajo de Fassbender y MacAvoy, quienes logran posesionarse de sus personajes aún a pesar de las definitorias actuaciones de sus antecesores, Sir Ian McKellen y Patrick Sewart, respectivamente.

Como lector y aficionado de muchos años de los X-Men me gustó mucho ver como se integraron a la historia diferentes temas y motivos característicos de los primeros años de la serie, además de justificar de manera creíble el origen de los uniformes azul y amarillo e incluso de los nombres-código adoptados por los personajes.

Es imposible no sonreir ante las múltiples menciones que referencian el texto introductorio de los comics de los primeros años: "Mutantes, hijos del átomo, juraron proteger a un mundo que les teme y los odia..."

Entiendo que a muchos les molestó que los mutantes que conforman este primer equipo no sean los miembros del equipo original del comic, con la única excepción de Beast, pero me parece que los personajes elegidos eran los ideales para la historia que se quería contar. Por otro lado, me gustaría hacer incapié en que es un error considerar a First Class como una precuela de las tres películas producidas durante la década pasada. Si bien es cierto que existe una afinidad y congruencia, particularmente con las dos películas dirigidas por Bryan Singer -reforzada por un par de cameos-, la idea es que First Class se convierta en una franquicia propia y con una continuidad separada de aquellas películas.

De hecho, el plan de Fox es desarrollar ambas series de manera paralela y no necesariamente  con una continuidad coincidente. Hace unos meses Lauren Shuler-Donner comentó que el estudio estaba muy entusiasmado con la propuesta presentada por Singer para X-Men 4, misma que además llevaría directamente a X-Men 5.

Personalmente me encanta la idea de tener dos series cinematográficas de los X-Men, sobre todo si van a estar en las capaces manos de Singer y Vaughn. La película cuenta con todos los ingredientes que necesita un buen blockbuster veraniego y sienta las bases para desarrollar otra exitosa franquicia de superhéroes, continuando además con la racha de Matthew Vaughn de encontrar la forma de adaptar exitosamente proyectos en los que pocos creen. Solo resta esperar que esta vez en Fox encuentren el modo de no echarlo a perder.

Concluyendo, X-Men: First Class es una entretenida película, bien escrita y dirigida, y con una balanceada mezcla de acción, intriga y humor. Todo fan de comics debiera disfrutarla, en tanto que para el resto del público representará una entretenida experiencia escapista con más cerebro y emociones de las que Hollywood suele ofrecer.

Altamente recomendada.

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